• Maite R. Ochotorena

Bocaditos de Suspense: «El castigo de Adrianna»



Cuchillo en mano

Suenan las campanas, y Adrianna aún no está lista. Se asoma por la ventana y busca una excusa para poder quedarse y eludir su castigo. —Bájate de ahí —le dice Sunnie—. Por una vez, obedece. Pero Adrianna no se mueve. Aguanta sobre el taburete, encaramada al poco coraje que le queda; escudriña la calle, por si encuentra una manera de escapar. —Adrianna... No puedes marcharte. Lo has prometido.. Sunnie se acerca. Alarga la mano y enreda los dedos en su pelo. Frota un mechón, suave... Sonríe. —Cuando uno promete algo, lo cumple... —No si ese algo es injusto. —Injusto? —No me has dado ninguna oportunidad, no he podido escoger. Sunnie la rodea hasta quedar frente a ella. Es tan alto que incluso subida como está en el taburete, quedan a la misma altura. Sus ojos la observan con atención. La sondean... —Deja que me vaya. Sunnie ladea la cabeza con curiosidad. —Y qué harás? —Seré libre. —Libre... para qué? Adrianna se encoge de hombros. —Para vivir, supongo. —No puedo dejarte ir. Dónde me dejaría eso? —Deja que me vaya, te lo ruego... Sunnie se acerca más, coge su cara menuda con la mano y la acerca a la suya. La huele... mmmm huele a azafrán, a canela... —Estas castigada. Bájate. —Y si no? —Y si no, te haré bajar yo. Adrianna se baja del taburete, pero antes se vuelve un instante hacia la ventana. La calle sigue desierta. No hay nada que pueda hacer. —Arrodíllate. Adrianna obedece. —Inclínate. Lo hace. —Recuerdas por qué te he castigado? Adrianna asiente. —Dilo. —Por retrasarme. —No. Te castigo por odiarme. Por cómo me miras, porque me aborreces, porque contienes el aliento cuando me ves, porque no te rindes a mí. Adrianna traga saliva. Espera su castigo. —Qué crees que va a pasar ahora? —Que vas a querer matarme. —Querer? No. Voy a matarte. Adrianna sonríe. —Puede ser. Sunnie alza las cejas, curioso. Saca lentamente su cuchillo, se acerca a ella y le susurra al oído. —Por desgracia para ti... este es tu destino. No puedes escapar a él. El filo de acero está frío. Adriana siente cómo se hunde en su costado y la atraviesa. Mira a Sunnie, extrañada. No siente dolor, sólo una quemazón. —Es esto la muerte? —murmura—. No es como yo pensaba. —Y cómo creías que sería? —Dolorosa. —Duerme Adrianna. Sunnie retuerce el cuchillo en sus entrañas. La sangre se derrama y Adrianna nota un vacío en su interior y un frío intenso. Cuando sus párpados se cierran y su conciencia se pierde... no tiene tiempo de pensar nada más.

#Bocaditosdesuspense #Intriga

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