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Donde habita el miedo

Drama sobrenatural

Portada de la novela Donde habita el miedo
Fondo genérico de la web

Sinopsis

Un thriller que se lee con todas las emociones a flor de piel, que habla del miedo y del valor. De dolor y de la esperanza.

Cuando Ainhoa Lasa deja San Sebastián para escapar de su marido es una mujer rota. Desesperada, busca refugio en una vieja borda de montaña que pertenece a su familia, tan abandonada y arruinada como su espíritu. Sin embargo, el fantasma del maltrato al que la ha estado sometiendo Urko durante tantos años no desaparece, sino que habita en su interior, profundamente instalado en su espíritu. Mientras trata de superar tan duro trance, la soledad de las montañas comienza a volverse opresiva cuando, además, una oleada de robos en el valle amenaza su tranquilidad. Muy pronto esa soledad, el aislamiento y el miedo que aún lleva por dentro, convertirán su huida en una espantosa pesadilla.

Donde Habita el Miedo es un viaje a la psique de una mujer atormentada a través de la oscuridad. La autora hurga con maestría en el más profundo subconsciente y nos obliga a bucear hacia profundidades desconocidas, donde el raciocinio y la realidad trascienden todos los límites.

Pensamientos sobre el maltrato que inspiraron este libro

«Porque no soporto no haberme atrevido; no soporto saber que pude escoger y no lo hice, que pude mirarme de frente, sin tapujos, que preferí pasar de largo, de puntillas, no fuera a ser que me desbordara.

Porque, a veces, navegar contra corriente se nos hace más fácil que defender lo nuestro, y plantar cara por uno mismo no nos seduce y nos abandonamos en la cuneta, sin mirar atrás. Dejamos una sombra que después lo cubrirá todo, nos vestirá de anonimato.

Porque señalar con el dedo otro destino, menos incierto, parece lo más lógico, y yo me levanté y abandoné la sala antes de tiempo sin mirar atrás.

Porque parecerme a otros y despegarme de mis ideas, porque poner freno a mis imperfecciones y negar mis errores, y mis virtudes aún más, una y otra vez, ha sido al parecer una meta. ¿Para qué? ¿Para no ser? ¿Para no sentir? ¿Para no arriesgar?

Qué pena no saber decir quién eres, qué pena dejar atrás tus huellas, las genuinas, para calzarte otros zapatos, sin saber andar con ellos.

Menos mal que la vida y el tiempo te plantan delante de tu abandono, y no te queda más opción que devolverte la mirada y explicar por qué, o por qué no. Menos mal que el coraje se mide por un solo instante más o menos fortuito que lo decide todo.

Todo lo que no fui se queda en el pasado. Todo lo que soy se desprende de él. Y lo que seré se burla de mi cobardía y ríe, porque, al final siempre gana.»

«La noche y ese intruso que me observa con ojos de hiena. Las sombras y ese depredador que se yergue entre mi cuerpo congelado y el sueño, que se niega a visitarme. La oscuridad preñada de silencios que torturan mi memoria en un castigo infinito, con sus voces venenosas rumiando mi destino.

 

La noche, y esa perversa intuición suspendida en un alarido, sofocado por el propio miedo que se aferra a la garganta y me trepa hasta nublarme el sentido. La oscuridad, deleitándose en la sombra que se ampara en la noche; la oscuridad, ese velo que me viste de angustia y serpentea a flor de piel erizando mi miedo, cortante y fría.

La noche, ese reino de dudas, de fantasmas, plagada de confusión, el infierno del arrepentido que cierra los ojos al castigo. Las sombras, rezagadas del abismo que se abre entre mi mente dominada y la posibilidad de un amanecer y el destierro de sus esbirros. La oscuridad, que se precia de su dominio y se extiende más allá de mi conciencia, cayendo como un manto de rocío helado sobre el mundo.

No hay noche como esta, tan fría y solitaria, cuando aspiro a la luz, al entendimiento, cuando no duermo ni despierto y se turban mis desvelos con el engaño, tumbada y presa del devaneo nocturno.

A veces, la noche y sus sombras señorean mis sentidos.»

«Ya viene, cargado de represalias, ya viene el torturador, la mole descarnada de compasión, el heraldo del castigo, ya viene.

Lo oigo pisar al otro lado de mis sombras, lo oigo respirar en mi pensamiento, se cuela en mis sueños y los retuerce. Lo oigo, lo temo. Me susurra su veneno, me va matando, a poquitos, implacable, no suelta.

Sus ojos me taladran, son dos ascuas de fervor, fervor por amalgamar mis pensamientos, por domeñar mis creencias, por dominar lo que he sido y lo que seré, para aplastar mi presente y que no vuelva a respirar con libertad.

Ya viene, y lo hace ciego de odio, es la bestia oscura que todo lo devora, es la no-luz, el pozo sin fondo de la avaricia, del caprichoso devaneo, del ego despótico, y sus tragaderas son infinitas, no se cansa de apabullar y retorcer, se escuda en las sonrisas falsas, en la sombra de la apariencia, en el juego de máscaras de su existencia, que se burla y se retrepa en las ilusiones de otros, sátrapa ladrón de almas, se viste con las esperanzas robadas y amañadas de estafa; se cuela, serpentea, ya viene, el depredador… ese al que has de temer porque nunca le verás venir, y si alguna vez lo ves ya estará sobre ti, devorándote.»

Lo que dicen los lectores...

Gorka

«Es increíble cómo esta escritora te introduce en el libro, en los paisajes, en los miedos, pesadillas, como si estuiésemos allí mismo.»

Olivia

«Este libro te engancha desde la primera página y consigue que empatices con la protagonista inmediatamente.»

Patricia Alcantud

«Es el primer libro que leo de este estilo y la verdad es que me ha sorprendido. No lo empecé con muchas ganas y, sin embargo, me enganchó desde el primer capítulo.»

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